Pregúntale a cinco personas en Chefchaouen por qué el pueblo es azul y probablemente obtendrás cinco respuestas diferentes. Es una de las leyendas locales más debatidas, y parte de lo que hace que recorrer la medina sea tan divertido.
La explicación más común atribuye el color a refugiados judíos que se establecieron en el pueblo en los años 1930, trayendo una tradición de edificios pintados de azul vinculada al simbolismo religioso — el azul como recordatorio del cielo y, por extensión, de Dios. Otros locales señalan razones más prácticas: se dice que el color ahuyenta a los mosquitos y que mantiene los edificios notablemente más frescos durante el calor del verano.
Sea cual sea su origen, la tradición se mantuvo y evolucionó hasta convertirse en algo que todo el pueblo conserva en conjunto, repintando paredes y portales cada año. También se ha convertido en el mayor reclamo de la localidad, por lo que las mañanas —antes de que lleguen las multitudes de excursiones desde Fes y Tangier— son el mejor momento para pasear y fotografiar los callejones con tranquilidad.



